Esta reforma integral se desarrolla en una vivienda proyectada en 1973 por Antoni de Moragas Gallissà y Francesc de Riba Salas, referente del racionalismo barcelonés. El reto técnico surgió al descubrir que la zona social actúa como junta de dilatación entre dos bloques estructurales, una condición que imposibilitaba la integración total de los ambientes.
Lejos de ocultarla, la propuesta la incorpora como condicionante del diseño, articulando la vivienda mediante una cocina abierta que actúa como elemento de transición hacia el salón, acortando las dimensiones de pasillo. El lenguaje contemporáneo, de líneas limpias y acentos de color, pone en valor la luminosidad original del edificio y refuerza la claridad espacial.